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No
podía ser de otra manera y la crispación y acusaciones
de los dos
partidos políticos mayoritarios, PSOE
y PP, ha dado lugar a que se rompan las relaciones
institucionales entre los dos partidos en el ámbito
provincial. Esto tiene sus matices, sus opiniones, sus
motivos y sus consecuencias.
Se
veía venir porque el cruce de acusaciones desde el PSOE
al PP en el Ayuntamiento, sobre todo en referencia a la etapa anterior, y las
acusaciones del PP
al PSOE, han
derivado en un mal ambiente entre los concejales de los
dos grupos. Hay quienes se evitan, pero incluso quienes
ni se saludan porque el tono de las acusaciones ha sido
muy fuerte.
Respecto
a las sentencias que se han producido sobre la etapa del
PP en el Ayuntamiento,
el PSOE no
solo las ha dado a conocer, se ha recreado en algunos
casos muy puntuales y se ha entrado en insinuaciones,
dudas y ataques personales.
El
consabido “y tu más”, es muy peligroso. El PSOE aprovecha para su beneficio político los reveses que la
justicia está dando a la corporación de Juan
Garrido, pero el PP
responde. Todos están en su derecho, pero siempre
estamos con la vista puesta en lo hecho hace años por
otros.
Dedíquense
a gobernar a los que les toca en cada caso y no hagan
oposición si son gobierno. Cada corporación, en cada
momento adoptó unos acuerdos que se consideraban eran
los mejores, o los menos malos para la ciudad, aunque
los tribunales de justicia hayan dicho después que “aquello
estaba mal hecho”. Se han cometido
equivocaciones de todo tipo, pero el que gobierna se
equivoca, el que no gobierna, no se equivoca. Y no es
necesario estar todos los días con el “y
tu más”.
Cada
corporación, en cada caso tiene que dedicarse a
gobernar, a trabajar por los ciudadanos que les han
elegido para eso, no para estar siempre con el “ventilador
de la porquería en marcha”.
Habrá
que decirle a Emilio
Frías, Presidente del Tribunal Superior de Justicia,
que vaya pensando en montar un “tribunal
especial para denuncias entre políticos” porque
esto va en aumento y no es de recibo que luego lleguen
las sentencias dos o tres años más tarde, cuando ya no
gobiernan los denunciados, sino los denunciantes. |