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OPINIÓN  

 

"Flores de licor y moca (a Pepe Hierro, después)"
Elisa Romero
Viceconsejera de Educación y Cultura del Gobierno de Castilla-La Mancha

To know the types of bets is a halfway to success in the roulette game.

Bajo el cristal de una mesa repleta de apuntes y de libros hay un mantelete, pajizo de luz y días. Desde el centro hacia arriba, cinco flores insólitas y esbeltas, pintadas de vino cárdeno, tinta verde y borrones de café, mantienen la lozanía y el recuerdo de una noche larga de palabras y honda de silencios, y devuelven en sus perfiles confusos la voz rotunda y la mirada clara del hombre, del poeta que las concibió, emborrachándolas de licor, tabaco y moca mientras las inventaba. Una dedicatoria, escueta pero íntima, y la firma. Pepe. Pepe sólo. En una esquina, aprovechando un lunar de alguna otra ambrosía, una barca rechoncha casi fuera del paño, casi fuera de sí. Luego, nada. El deshilado. La vainica bordeando el instante y los aromas de diminutos vacíos engarzados por sutiles hebrillas.

Como todo las flores. Como todo la nave. Como la noche lenta y el orujo. Como nosotros. Enhebrados.

Se desvanecen hoy los ecos de Cernuda por recobrar los tonos de Alberti centenario, y el cruce de algarabías ensarta el vuelo último de Pepehierro, que ya alienta con ellos en el mismo viento. En la misma mar también.

Nada es casual. O acaso lo era todo. Entra el invierno y, sin embargo, en el aire sólo se escuchaba un susurro de abejas que sonaba.

La Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Castilla-La Mancha manifiesta y rinde todo el reconocimiento y el homenaje al poeta y al hombre. Habite ya la libertad y la memoria.

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