
Sus orígenes son muy antiguos y en sus inmediaciones se
encuentra la Cueva del Niño, con pinturas rupestres del
Paleolítico
"Cueva del Niño"
Las manifestaciones artísticas rupestres más antiguas
de la provincia de Albacete corresponden al Paleolítico
Superior, con una antigüedad superior a los 12.000
años, y han sido halladas en la Cueva del Niño. Esta
cueva, situada en el término municipal de Ayna,
constituye, sin duda, la auténtica cuna del arte
rupestre albaceteño.
La Cueva del Niño está situada
entre los picos Halcón (1.232m) y Albarda (1.250m), en
la margen derecha del río Mundo, una zona de umbría
sumamente quebrada. Interiormente, está dividida en dos
salas. En el panel principal de pinturas de la primera,
aparecen representados caballos, ciervos y varias
cabras, todos ellos con una gran elegancia estética. En
la segunda sala, que está separada de la anterior por
grandes columnas calcáreas, aparece una serpiente, un
cuadrúpedo y una cabra.
En
total, son 17 las figuras representadas si se suman
otras de arte levantino que hay en el exterior de la
cueva. Todas ellas se han pintado en colores rojizos en
varias tonalidades y algunos dibujos aparecen
atravesados por pequeñas lanzas, quizás como rito
propiciatorio para conseguir una buena jornada de caza.
Al excavar el interior de la cueva se encontraron
también algunos útiles de piedra y una vasija del
periodo Neolítico de forma ovoide, decorada con
incisiones geométricas expuesta en el museo provincial
de Albacete.
Para llegar hasta la cueva es
preciso dirigirse a las Casas del Pozuelo y coger una
pista forestal que sale cerca de esta cortijada. Antes,
bajo El Pico, una impresionante peña tintada de colores
ocres, cruzaremos el cauce del río por el alto puente
del Pontarrón, que salva una profunda garganta labrada
por el río. Otra posibilidad para llegar hasta la
entrada de la Cueva del Niño, situada en los planos
topográficos frente a las dos viviendas arruinadas del
Cortijo del Avellano, emplazadas por encima del margen
izquierdo del río, es seguir el curso del Mundo aguas
arriba desde los Cárcabos. En
la actualidad la cueva se encuentra cerrada, siendo
preciso pedir autorización o ir en visita organizada
para entrar en su interior.
"Privilegio de Villazgo"
Ayna
se siente orgullosa de su Cueva del Niño, pero también
de su privilegio de villazgo, guardado como un tesoro
por el Ayuntamiento.
Este privilegio, concedido por
Felipe II el 22 de septiembre de 1565,desvinculaba a la
población de Alcaraz, de quien había sido aldea hasta
esa fecha. Es un cuadernillo en pergamino manuscrito de
diez folios, ricamente adornado en siete de sus caras
con diferentes dibujos en miniatura. Aunque existe una
copia en papel, realizada en 1620, que está bastante
deteriorada.
Con este título de Villa se le
señalaba también término propio, aunque no por ello
perdía la mancomunidad de pastos que gozaba con
Alcaraz. Dentro de este término quedaban incluidas como
aldeas suyas Elche de la Sierra y Molinicos. Al final
del privilegio hay dibujado un plano de su antiguo
castillo de la Yedra y una nota que dice, entre otras
cosas: "Este castillo guardó antiguamente el paso
de los moros, a favor de la Santa fe Católica,
resistiendo á fuerza de armas á los de Granada y Baza.
Estaban en este castillo de la villa de Aina 25
hijosdalgo, libres y exentos de todos pechos demandados
y perdidos, y murieron muchos en cautiverio por la
defensa de esta fortaleza y la Santa Fe Católica"
Pasado árabe
El
topónimo de Ayna deriva del vocablo árabe ‘ayn’,
que significa fuente, aunque habría que citarlo en
plural, pues son más de doce las que tiene el pueblo,
lo que hacen de él un auténtico manantial natural.
Durante la dominación musulmana, Ayna debió ser una
pequeña alquería integrada en la cora de Jaén, cuyos
habitantes aprovecharon las aguas del río y de estas
abundantes fuentes para establecer pequeños cultivos.
Se agrupaban todos ellos en torno al castillo de la
Yedra, del que tan sólo quedan los restos de algún
muro casi derruido en el lugar llamado la Cueva de los
Moros, dos grandes peñascos que han creado un paso
natural, y algún muro cercano. En este lugar se cree
que existía un túnel que comunicaba el castillo con el
río, pero por más que se ha intentado buscarlo, ha
sido sin éxito alguno.
Ayna en la actualidad
La llegada a Ayna es realmente
sorprendente y la visión de su entorno constituye todo
un regalo para los ojos. Después de recorrer los
terrenos llanos y ligeramente ondulados del mediodía de
Albacete, al llegar a esta población, el suelo se rompe
y el paisaje cambia radicalmente, presentando una
orografía absolutamente quebrada, muy distinta de la
que nos lleva hasta la población. Sus casas aparecen
apretadas unas contra otras, y contra las mismas lomas
del monte San Urbán, buscando un espacio que parece no
existir. De esta forma, se han aprovechado las laderas y
cantiles rocosos para emplazar las viviendas. Antes de
llegar a Ayna por la serpenteante carretera, que parece
que nos va a arrojar al vacío por el abismo en
cualquier momento, es obligado hacer una parada en el
Mirador del Diablo, donde se ven unas vistas increíbles
de todo el valle del río Mundo, de su arbolada umbría,
y del mismo pueblo.
Las casas y sinuosas callejuelas
de esta pintoresca población se adaptan al terreno,
aprovechando todos y cada uno de sus centímetros, y se
extienden casi todas ellas a ambos lados de su calle
principal. Ésta forma una pendiente continua hasta la
Plaza Mayor, donde esta el Ayuntamiento y donde hay una
curiosa pared escalonada con gradas, que sirven al
público para sentarse durante los encierros que se
celebran a principios de septiembre. Dentro del pueblo,
merece la pena visitar la ermita de Nuestra Señora de
los Remedios, una edificación que en nada se distingue
de las casas colindantes, pero en su interior guarda un
bonito artesonado mudéjar del siglo XVI, que en 1.992
fue declarado de interés cultural.
Patrimonio
Dentro
del pueblo, es obligado en Ayna acercarse a los
miradores que hay en su interior, algunos de ellos
situados en establecimientos hoteleros, por donde al
población se asoma al Mundo y a los altos montes que lo
envuelven. Desde ellos, se ve la estrecha vega que forma
el río, dedicada a una producción agrícola sumamente
condicionada por el relieve del terreno, al que el
hombre se ha adaptado de forma increíble desde épocas
remotas. Así lo muestra la infinidad de terrazas que se
extienden a lo largo de las laderas de la margen
izquierda del río, dedicadas sobre todo al cultivo de
olivos, y los pequeños huertos.
Asimismo, merece la pena visitar
la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, un templo
sin ningún atractivo externo, que tiene la apariencia
de una casa normal, pero en su interior guarda un bonito
artesonado mudéjar del siglo XVI elaborado en madera de
pino. Durante la construcción de la iglesia nueva, los
oficios religiosos se celebraban en esta ermita, para
pasar posteriormente a ser utilizada como cine y teatro.
Ésta, la iglesia nueva de Nuestra Señora de lo Alto,
se terminó de construir en el año 1953, después de
haber hundido la vieja por el mal estado en que se
encontraba. Sin embargo, todavía conserva una torre del
siglo XVII fabricada en sillería.
Otro lugar bonito de visitar es el
paseo que se encuentra en la zona de La Toba, quien,
subiendo por sus escarpadas escaleras, puede encontrar
un bonito sendero natural en el que poder congraciarse
con la naturaleza y olvidar los mundanales problemas que
le rodean en el día a día.
En las proximidades de la
localidad se encuentran los restos de una fortaleza de
origen islámico, el viejo castillo de Yedra.
A la salida del pueblo se
encuentra el Mirador del Diablo, que ofrece una
incomparable vista, característica imagen de Ayna.
Artesanía
Se
puede considerar como vital y única la artesanía
dedicada al esparto. Y es que la producción de esparto
fue, en otros tiempos, una fuente de ingresos muy
importante para la economía de Ayna, al igual que
ocurrió en otros pueblos de la comarca, como Liétor,
Elche de la Sierra y Hellín.
Esta explotación, cuyos
testimonios fieles quedan al norte del pueblo, dejó
muchos campos totalmente deforestados, sin ningún tipo
de arbolado, a pesar de que en otros tiempos toda esta
comarca estuvo muy protegida, como así lo muestran las
ordenanzas municipales del siglo XVI de Liétor. De esta
manera, muchos recuerdan a los ayniegos a las puertas de
sus casas enlazando el esparto para, en madejas,
posteriormente cambiarlas por un chusco de pan o
cualquier otro elemento de primera necesidad. Con esas
madejas de esparto, los artesanos han realizado
verdaderas obras de arte - alfombras de fino dibujo,
persianas para las puertas de entrada...- aunque, eso
sí, fundamentalmente, el esparto era trabajado para los
aperos de labranza. Por desgracia, muy pocos, casi ya
ninguno, de los lugareños trabaja el esparto, pero no
por ello se dejan de ver elementos fabricados con él.
Folklore
La música y el baile forman parte
indiscutible de la idiosincrasia de un lugar. No hay
zona del mundo entero que no tenga su forma de expresar,
mediante la danza y el canto, sentimientos propios,
historias que se remontan a los albores de la
civilización, patriotismo... Ayna, como pueblo situado
en plena Sierra Albaceteña, no podía dejar de tener
bailes típicos como la seguidilla, el fandango y como
no la "Jota de Ayna". A pesar de los pesares,
de los tiempos de las autopistas de la comunicación, de
las altas tecnologías y de eso largo etcétera que el
navegante conoce, este típico baile regional no ha
perdido ni consistencia ni fuste con el paso del tiempo.
Quizás, todo lo contrario, ha ido ganando fuerza, sobre
todo entre la población juvenil.
Fiestas
Las
fiestas patronales de Ayna tienen lugar del 4 al 8 de
Septiembre. Su celebración trasciende fronteras y mucha
gente busca cualquier excusa para visitarnos los días
que se celebran las carreras ante los morlacos (los
días 5, 6 y 7 de septiembre).Un hecho incuestionable es
la importancia que este evento tiene dentro de las
fiestas. Nadie es capaz de concebir unas fiestas sin
encierros.
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La belleza de los encierros en
Ayna parte con una ventaja, como es la orografía del
terreno. El valle de Ayna y sus calles, en continuo
descenso hasta la plaza, salvo en algún pequeño tramo,
permiten vistas muy hermosas de esta tradición.
Comienza el encierro muy pronto, después de disfrutar
de la tradicional diana y habiendo almorzado en las
cercanías del corral de la Salobre, situados a pocos
kilómetros del pueblo, sobre la nueve y media de la
mañana, las reses que se van a correr ese día salen
por el campo, acompañadas de cabestros y mayorales,
además de un nutrido grupo de valientes que siguen a
pie a los astados. Cuando el grupo llega al Mirador, una
sirena avisa a propios y extraños de que la carrera
está a punto de comenzar. Éste es uno de los momentos
más bonitos, puesto que se pueden ver a los astados ir
bajando, poco a poco, algunas veces, o rápidamente, las
más, hasta el inicio de la carrera, situado,
extraoficialmente, en la Rodea Grande. Las curvas del
Matadero, Michelín o el Cruce, son, también, momentos
muy emotivos y de peligro del encierro, que son seguidos
con pasión por espectadores y corredores. Una vez en el
casco urbano, la carrera sigue teniendo su belleza,
aunque sólo sea para los que están situados,
estratégicamente, en alguno de los tramos de la misma.
Llegados a la plaza, corredores y espectadores se
congratulan de que la Virgen de lo Alto haya guardado a
todos de cualquier percance.
A mediodía, y después de una
buena comida, acompañada de buen vino, la banda llama a
todos a ver el festejo taurino, que se celebra en la
Plaza Mayor, preparada con talanqueras y barreras, para
que todo el mundo pueda ver el espectáculo sin correr
ningún riesgo. Todavía se recuerda que, no hace mucho,
toreros vestidos con traje de luces eran los que
lidiaban las reses corridas esa misma mañana, aunque,
en la actualidad, ese trabajo lo realizan jóvenes
novilleros contratados por el Ayuntamiento.
Y,
después del festejo taurino, cena y al baile en la
pista de La Toba. Grupos, orquestas, dúos y un largo
etcétera de artistas animan al pueblo durante estos
días a seguir el ritmo de sus canciones, todo ello con
la mezcla de colores y de disfraces que conforman todas
y cada una de las peñas. Y así hasta que, alguien,
quizás desconsolado, canta un ‘Pobre de mí’ tan
particular, que a nadie se le escapa que tiene que
volver el año que viene para decir que se lo ha
perdido.
Estas fiestas Patronales se
celebran en honor a Ntra. Sra. de lo Alto, patrona del
pueblo. Su día grande es el día 8, en el que se
celebra una misa multitudinaria y una procesión por las
principales calles del municipio. En este momento, se le
agradece lo bueno que ha sucedido durante el año
transcurrido y se le pide que continúe así otro año
más, o, como dice el refrán ‘Virgencita, que me
quede como estoy’. La tarde del día 8, se reserva
para los niños que disfrutan en la Plaza Mayor
participando en los juegos populares organizados. Pero
no nos podíamos olvidar del homenaje a las personas
mayores que siempre nos aportan su experiencia en la
vida.
Fiestas del Santo Cristo
Otros momentos de reunión para
los lugareños son las fiestas del Santo Cristo, el
primer domingo de mayo. Sus orígenes se remontan al
Día de la Cruz, fiesta que se celebraba para rogar a
Dios por las cosechas, cuando se oficiaba una misa en la
puerta de la Ermita del Santo Cristo de las Cabrillas,
(pues sus reducidas dimensiones impiden que dentro
estén más de dos o tres personas) y, a continuación,
se realizaba una procesión, con una cruz adornada
totalmente de flores hasta las cercanías del actual
Hotel Felipe II. Una vez allí, se bañaba la cruz en
una pequeña charca que formaba el agua que nace en La
Toba. En su regreso a la capilla, las gentes que
acudían a la procesión le quitaban las flores, pues
eran tenidas por milagrosas. Todavía se sigue
realizando una misa en la puerta de la ermita para
celebrar este día, pero se ha trasladado al primer
domingo de mayo para que puedan asistir los ayniegos que
viven fuera del pueblo.
Fiesta del Bolo
Otra
fiesta con importancia en la actualidad es la del Bolo,
celebrada el día de Santa Lucía. Ese día, al
anochecer las calles del municipio se adornan de enormes
hogueras, de romero verde recogido durante la tarde en
el campo, en las que los lugareños se reúnen, e
incluso, hay algún valiente que osa cruzar el fuego,
como elemento purificador.
Si rica es su tradición festera,
más rica sería si no se hubieran perdido otras
tradiciones que, con el paso del tiempo, se han ido
olvidando. Por lo menos en la práctica, porque muchos
todavía recuerdan lo que se denominaban ‘Los mayos’,
que, como su nombre indica, se celebra en el quinto mes
del año. Durante este tiempo, los mozos del pueblo
cantaban a las mozas estas canciones, quizás como
reclamo, quizás como forma de resaltar su belleza
natural. Y muchas, y muchas más, que, algunos
recuerdan, y otros han dejado en el balcón de los
recuerdos.
Gastronomía
A la gente se la convence por el
estómago y el visitante de Ayna se va más que
convencido cuando después de pasear por los preciosos
rincones del pueblo y relajarse a la orilla del Río
Mundo degusta la gastronomía Ayniega. Una gastronomía
que se basa sobre todo, en los productos de la huerta
que la rodean y la embellecen y en las estupendas carnes
que se crían en la zona. Así un buen cordero a la
brasa, con unas patatas al montón y unas ricas
ensaladas harán las delicias del más exigente
comensal; que encontrara un acompañamiento ideal en los
buenos vinos de la tierra con denominación de origen
Mancha.
Y
no nos olvidamos de algo fundamental en cualquier mesa,
el pan. En Ayna el pan cocido en horno de leña, es
elaborado por auténticos artesanos en la materia, con
recetas que se han ido guardando de generación en
generación para elaborar en nuestros días productos
tan típicos y exquisitos como los rollos de anís, los
suspiros y múltiples dulces que son demandados por los
visitantes y cuya fama traspasa las fronteras del país.
Como todo pueblo serrano la cocina
tradicional casera es exquisita y cada vez más
demandada por los forasteros, lo cual motiva que se vaya
ofertando cada vez más y los visitantes conozcan platos
como: El ajopringe ó mataero, las gachasmigas, el
zanguango, el moje tiznao, el potaje de paparajotas, la
olla con pencas, Arroz caldoso con pollos de corral. Y
terminaremos con "Miel sobre hojuelas".